jueves, 15 de noviembre de 2012

Como un hámster en su rueda, a ninguna parte. Es esa apócrifa satisfacción de creerte en camino, para descubrir que sigues en la misma jaula, y que lo único que te han cambiado es el serrín en el que cagar.

Cuando no es Fromm el que manda, sino Ferreiro. La noche aprieta, los cigarros se quedan cortos y las decepciones se me arremolinan en las sábanas, que van cubriéndome poco a poco hasta ocultarme del todo. De todos. Especialmente de mi.

Miedo acecha. Y eso que me había sacudido la chaqueta enésimas veces, creí que para deshacerme de él, ahora veo que solo desempolvaba la armadura. Y aunque la redención me tocó antesdeayercomoquiendice no dejo de fabricar pecados nuevos.

Si tuviera las piernas más largas (o una piel que no reclama) ya estaría lejos, pero nunca conocí el desapego gratuito. Soy de las que solo se van cuando el doctor cita la hora de la muerte.

No hay trinchera que salve de uno mismo.



martes, 23 de octubre de 2012

ciclotimia

Dennis Stock. Magnum. 

Hacer el bohemio, escuchar moderneces. Cerveza en mano, cigarro en su defecto. La mente ocupada en otros asuntos los cuales, seamos sinceros, soy incapaz de vomitar. Por eso ingiero sin descanso, aunque ya en mi subconsciente golpea la idea de que mejor que el empacho será meter los dedos hasta la campanilla. 
Pese a la arcada, tener la sensación de ser feliz a ratos [=desconcierto]
Será que la bipolaridad es contagiosa. 
Otra cerveza por favor, que hay tragos que solo sirven para borrar la huella de unos labios. 
Saciada de miradas que anticipan orgasmos, y de orgasmos previos a hasta luegos. Sonríes mientras besas, mientras rediriges mi mano escondida entre tus piernas. Tu agitación me revuelve por dentro, solo hablas con la respiración. 
Los placeres me arrebatan en tu pecho, alzo la mirada y ahí está la tuya clavándose en mi piel tanto o más que tus uñas. 
Así se espantan los demonios. Hasta desgastarnos. Hasta tatuarte los besos en el cuerpo. Hasta que digas basta. Y hasta luego una vez más. 

martes, 16 de octubre de 2012

Estaba deseando que llegara el otoño. 

Solamente para que tuvieses más ropa que poder quitarte.

sábado, 6 de octubre de 2012

Lo que entra por la nariz se queda en el cerebro. Lo que entra por la piel se queda en las células. Tú sabrás por donde has entrado. 



Olvidar se queda corto. Tal vez suprimir, eliminar, borrar, anular estén a la altura. Solo tal vez. Cualquier cosa que no deje impronta. No me impregnes, no me llegues, no me cales. Desaparece, pero no lo hagas. No me hagas desgraciada mientras me haces feliz. No respires a mi alrededor, porque tu presencia me perturba. No me mires, que quemas. Ni me toques, me matas. Vete. Quédate. Aquí a mi lado. Incluso así, lejos. De mi alcance. De tu alcance. Gritaré que estoy aquí a ver si me oyes. Solo escucha. 

martes, 18 de septiembre de 2012



Venga, date prisa que se acaba el tiempo. 
El tiempo no se acaba nunca, se acaban los momentos. 
Pues eso, que este momento terminará, y ya no habrá nada parecido a esto nunca. 
¿Nunca? joder, qué grande me viene ese concepto. 
Bueno, grande se nos viene también esta situación. 
Lo sé, por eso intento aprovecharla.
Y prolongarla, ¿no? 
La situación no, solo el momento, este justo, en este beso mismo. 
Nos quedan unos cuantos más, mientras quede noche por delante.
Sí, y mientras quede piel por besar, así que venga, no pares, no vaya a hacerse de día ya.
¿Pero qué hora es?
¿En serio quieres saberlo? ¿Y si falta poco? Yo prefiero la incertidumbre, sin presiones.
Como si no hubiera presiones... aunque ahora no voy a pensar en eso. Ven aquí, acércate. 
¿Mas?
Todo lo que puedas, ¿no has dicho que nunca volveríamos a estar tan cerca?
Sí, supongo... 
No supones, lo sabes. Igual que yo. Así que dame recuerdos suficientes para no olvidarlo. 
Mañana querrás hacerlo. 
Tal vez tú. 
Bésame anda... 

domingo, 22 de julio de 2012





Lo malo de las tiritas 
es que no dejan que las heridas cicatricen, 
y además duele arrancárselas.

/Blog = Contenedor de vómitos, sin hilo conductor, más que mi propia historia/

Hablemos de hidrodinámica. Los flujos laminares son los movimientos de un fluido cuyas partículas están perfectamente ordenadas, haciendo que dicho fluido se desplace en estratos paralelos sin entremezclarse. Por el contrario, los flujos turbulentos son aquellos en los que las partículas del fluido se mueven caóticamente formando remolinos que hacen que la trayectoria del mismo sea impredecible.
Y ahora hablemos de suicidio. Suicidio moral, claro. Que ya llevo tiempo cogiendo carrerilla y otro tanto cayendo abismo abajo. Pocos asideros me quedan ya, y sigo prendiéndoles fuego en la caída, no me preguntes porqué. Y cómo he llegado yo a esto si nadie me enseñó a ser kamikaze. Aunque igual para darse hostias no necesita una ayuda. Hostias morales, claro. Quién dijo miedo. Tal vez busque ser despojo, para renacer y volver a empezar, tal vez se me hayan acabado los parches y por este motivo juegue a la autodestrucción.

O tal vez solo sea una corriente turbulenta intentando sobrevivir a mi caos, pretendiendo llegar al final al menos en las mismas condiciones en las que empecé el viaje. Pero siempre se pierden prendas por el camino. Otras se ganan, sin saber a qué precio. Todos anhelamos el caos, e incluso lo buscamos vehementes, nos atrae y atrapa hasta que su propia complejidad nos sobrepasa. Hasta que somos conscientes de no entender la ley de que no hay leyes. Por eso es tan fácil enamorarse, perderse en ese caos primigenio que nos abstrae hasta el origen de la especie, déjà vu evolutivo en donde nos abandonamos, y abandonamos toda responsabilidad de mantenernos en esta realidad. Turbulencia suicida. No sé cómo esquivar las balas, ni si soy yo quien dispara. Y así sigo viviendo. Al límite. Sacando poco a poco el pie fuera del tiesto a ver qué sucede. Paso a paso hasta que me atropelle el tren, o llegue mi redención.


jueves, 14 de junio de 2012

La que no está ahora soy yo. Me he ido por la taza del váter. Y como no hay dolor tampoco hay solución. "Un paracetamol cada seis horas" dice el médico cuando no tiene muy claro lo que tienes. Y que si se dice "kivi" o kigüi". Y yo qué coño sé. "Yo con veinte años me comía el mundo". Pues hay quien quiere vomitarlo. No es mi caso oiga usté, pero haberlos haylos. Para esos el paracetamol es un caramelito, casi mejor el kigüi  y decir adiós a las pesadillas y a Sara por por la taza del váter. ¿O es güater? Ya me parecía a mí. 

jueves, 3 de mayo de 2012


Ya no me asomaré a la ventana con el miedo [la esperanza] de encontrarte.  

Porque ya no hay miedo [ni esperanza]
Solo una yo sin ese apéndice /tú/,
sin ese dolor fantasma de la última era.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE