lunes, 31 de agosto de 2009

CUMPLEALFAS

En 35 minutos tendre un año más, en 35 minutos habrá pasado un año, 35 min = 1 año, treinta y cinco igual a un año, treinta y cinco igual a uno, treinta y cinco años igual a un minuto, treinta y cinco zapatos igual a un coche, treinta y cinco suspiros igual a un dolor, treinta y cinco cervezas igual a un coma, treinta y cinco… uno… números… tiempo… Vivo en un mundo ficticio, de magnitudes y escalas inventadas, vivo en un mundo fabricado por no sé quién, vivo en un mundo en el que en treinta y cinco minutos tendré veintidós años. Vivo en un año en el que el minuto tendrá treinta y cinco mundos. Ambas oraciones tienen el mismo sentido absurdo fuera del mundo ficticio. Cumplir años… ¡falacia! ¡mentira! Por mi no pasan los años, sino las experiencias, el tiempo no existe, y por tanto no transcurre, y el envejecimiento físico no va a la par que el del alma, mi alma será joven mientras yo lo quiera, y yo si existo, por lo que querré ser joven siempre… joven… quizá esa palabra tampoco exista, si no hay tiempo no hay joven ni viejo, solo hay… solo hay yo. Es lo único de cuya existencia estoy segura, y a veces ni eso. Seguiré cumpliendo años para celebrarlo, pero debajo de este traje de piel siempre tendré la misma edad, ninguna, la no cuantificable, la mía, la que sea, llamémosla alfa.
Ya solo faltan veinticinco minutos para mantener alfa… solo decidme, ¡Feliz vida! Y entonces comeremos tarta.

jueves, 18 de junio de 2009

BLUES

Si en una tarde como esta, de cielo nuboso amarillento y en la que el viento nos salpica con pequeñas gotas de vez en cuando escuchas un blues, no solo te sientes como en una tormentosa tarde en Mississipi, sino que tambien te sientes tan triste como quien lo canta.

“I’d better be blind boy, than to see you walk away from me…”, señorita Etta James, es usted una diva del dolor, gracias por hacer que hasta el más feliz del mundo sienta esa melancolía, porque no es la tarde sureña la que me crea añoranza, sino tu voz desgarrada que canta una y otra vez, como un himno, que te han hecho daño.

jueves, 7 de mayo de 2009

DESPEDIDA

Noche cerrada enmarcada por la ventana de aluminio, como si de un cuadro de Malevich se tratase. Cientos de papeles sobre el escritorio, y una botella de cerveza alemana vacía a modo de pisapapeles, elemento que no elimina el caos existente, sino que lo corona; y un boli Bic que en mi imaginación postcervecera es una pluma cervantina, con la que pretendo dibujar caligráficamente los mil pensamientos y reflexiones que se me antojen profundos, mil elevado a cero en este caso, pues es una imagen la que domina sobre las demás, igual que la botella vacía domina el escritorio.

Nos habíamos conocido muchos besos atrás, y desde la chispa del primer saludo supimos adónde nos llevaría el asfalto, allá donde el horizonte se confunde con la tierra. Primero jugamos a pelearnos, como infantes enamorados, y luego compartimos todas aquellas premoniciones que nos habían puesto sobre aviso de lo que sucedería aquella noche. Fue el comienzo de algo grande, y a la vez un pequeño final, pues a partir de aquel momento no paramos de encontrarnos y despedirnos, de compartir horas y anhelarlas.

Desde entonces la ciudad resulta más sombría una vez te marchas, y la gente que pasea por el parque recurre de nuevo a abrigos y bufandas cuando paseo sin ti. Podría decir que eres mi Norte, pero en esta brújula que hemos fabricado a base de distancia resulta más acertado decir que personificas al Este, anunciando la salida del sol cada vez que sostienes mi mano.

¿Quién inventó el término “despedida”? Porque fue realmente comedido al hacerlo, esa palabra tan corriente no expresa todo el contenido de la acción, ni le hace justicia. Basta con ir a cualquier estación para darse cuenta de ello. En una de esas estaciones podríamos estar tú y yo, despidiéndonos una vez más, cualquier mañana plomiza ideal para decir un adiós que signifique hasta pronto, y que ilumine tu carita de despedida en la medida justa para que la melancolía defina tu aspecto. Y una frase del estilo de “ojalá estuvieses siempre aquí” terminará de nublar el cielo y mis ojos, que tendrán que desviarse de la trayectoria de los tuyos para no hacerlo más difícil.

Despedida, que pobre palabra para algo tan intenso, un momento que hace que todos los colores sean fríos, que al mundo le nazcan aristas, y que esta noche yo tenga una botella vacía sobre la mesa.

Libero la mente de recuerdos en color sepia y miro el cuadro de Malevich. ¡Ah no! En esta noche de despedida y carente de poesía, solo miro por la ventana.  

DESPERTAR

Una mañana más, el graznido del despertador. Su maquinaria entra en funcionamiento cuando para mi es inimaginable moverme de donde estoy. La franela me atrapa, me resisto a desalojar el hueco que mi cuerpo ha hecho suyo entre las sábanas. Desearía vivir aquí, al calor de los sueños, lejos del mundo de los sentidos. Golpeo el aparato que sigue chillándome que me despierte en su idioma Made in China. Entreabro los ojos, en la oscuridad solo los pequeños destellos en la pared revelan la vida exterior. Y suspiro resignada, sintomáticamente aburrida, enferma de la vida.

 

¿No es grotescamente divertido que los huracanes tengan nombre propio? Todos tenemos huracanes en nuestro existir, son aquellos que llegan para revolver todo lo que nos ha costado una vida ordenar. Cómo no, yo tuve el mío propio, destruyó los muros de mi realidad y perdí el Norte, el horizonte, y cualquier otro punto de referencia. Fui quien no debía y permití que tal fenómeno climático me arroyase con toda su fuerza, siempre interponiéndome en  su trayectoria.

 

Silencio absoluto en mi habitación, salvo por el caminar del reloj, mi única distracción, y ritmo de mi respiración.

 

Y yo con tu arena en mis ojos, en mi vida al revés, con el viento mojándome y una lluvia que hiela. Y alzo la mirada, y me da el sol, y te da a ti, y… 

 

Saboreo los últimos minutos en silencio, mientras el universal olor a desayuno me alcanza, el mundo de los sentidos me reclama un exilio de mi letargo, todo parece un tremendo complot para hacerme salir de mi realidad perfecta, aquella en la que tengo los ojos cerrados y la mente activa, y camino por la fantasía del subconsciente, y no hay huracanes, solo brisas ligeras junto al mar.

 

Llegó el invierno, y volaste a tierras más cálidas, pero más áridas quizá. Y yo te dejé partir, pues yo también volaba, pero en opuesta dirección. Puse tus monosílabos a buen recaudo, y fui valiente, pues la clave para encontrar es abandonar la búsqueda, dejarse llevar por la sinuosa corriente de la vida, y me dejé arrastrar…

 

…y conjugué cuerpo y mente, y recordé. Recordé que hacía mucho del fin de aquella tormenta, que hacía mucho que me había alejado de aquel sentimiento cerámico causante de mis males. Desperté de la resaca de sueños que me habían transportado brevemente al pasado, y miré a mi lado. Allí estaba mi presente, rodeándome delicadamente con el brazo, inaugurando mi despertar con una sonrisa. Buenos días…

lunes, 12 de enero de 2009

REGRESO...

Regreso al mundo en el que una cama no es tal, no es más que una fría plancha de acero, una inhóspita estepa en la que intento conciliar el sueño (sueño: medio de comunicación metafísico entre amantes), arropada por el calor que aún pervive en mí, superviviente a los bajo cero y a los kilómetros.


Me subo a mi bicicleta onírica con un cerrar los ojos, y retorno al punto de partida, en el que el alma se vence al cuerpo demostrando la capacidad ignífuga de nuestra piel ante este fuego eterno, que nos consume sin quemarnos. Fuego eterno que no es castigo, sino regalo, de mi para vos, de vos para mi, y así sucesivamente…


Abro los ojos y nieva en mi habitación… ¡no! La palidez de mi realidad es por tu ausencia, no por la nieve… Los colores han perdido intensidad, quizá porque mis ojos han vuelto a ser marrones, comunes y corrientes, y veo el mundo como la mayoría lo ven, descolorido, difuminado.


Regreso al mundo en el que el amanecer es el comienzo del día, no el final, el mundo donde estás sin estar, y la nostalgia es el sentimiento más pródigo. Regreso a mi mundo…

martes, 9 de diciembre de 2008

DISTANCIA

Rompo el tiempo con pensamientos que hablan de ti,

abrazo el silencio,

y solo respiro recuerdos.


Volvimos a separarnos,

y viajé al otoño,

a este clima de tristeza

en el que todos los días son lluviosos.


Aprendí a tocarte aún en tu ausencia,

descubrí el mirarte en la distancia,

y aquella penumbra de la que me hablaste,

es donde vivo ahora, donde tú no estás.


Y sentirme sola, caminar a oscuras,

esperar que pasen las horas

para oír tu voz.


Pagaré el precio por tenerte y por ser tuya;

por cada encuentro una despedida,

por cada beso un adiós.

El “te quiero” me costará la vida.


¿Quién fuiste y quién serás?

Qué importa, todas las respuestas son la misma: siempre mía.


Me dejé el olor en tus sábanas

mientras leía tu piel con la mía,

memorizándote en mis manos.


La vida pasa,

como una sustracción de tiempo del global de mis días,

hasta llegar a verte.

Resto sin cesar los momentos que me quedan,

para acariciarnos sin fin.

Qué mentira, sin fin.

martes, 25 de noviembre de 2008

FELICIDAD

De pronto tú,
en este caminar sin rumbo,
en este alma descentrada,
en este vivir sin esperanza.

Tú,
regalándome ingravidez,
sazonada con tus caricias,
cocinada al calor de tu cuerpo.

Proclamas oscuridad, pese a ser pura luz,
clarividencia en la senda que recorría a ciegas.
Me hablas de caos en el lenguaje del orden,
me hablas de amor con tu mirada,
apostada frente a mis ojos,
buscándoles el color,
aunque el color esté en mis mejillas,
deseando que pintes tus labios con él.

Despierto y sigo soñando,
sonrío para respirar,
te imagino a mi lado para que el mundo se pare.

Bendigo aquella noche, con su día,
cuando comprendí quien eras,
simplemente tú, simplemente.

Probé el alcohol de tus labios, y la felicidad.
Te escondes en la penumbra, pese a ser resplandor.
Eres metáfora del batir de alas y del nacer de las flores,
tu boca es una aliteración de besos,
tus sentidos son la intensidad de los colores,
tus palabras son mis palabras.

Has hecho tuyo mi tiempo, y mi espacio,
mi pequeño universo subyace bajo tu tacto,
dulce analgésico para los días en la distancia.

Trazo líneas mientras las horas se suceden,
mientras el amanecer se aproxima amenazador,
y tu luz deja de ser la única que me alumbra.
Dibujo, voy llenando el papel antes blanco,
como tú llenas los espacios vacíos de mis intrincados pensamientos,
voraces de tu presencia.
Solo me falta tu despedida interminable
para que esta noche sin fin te pertenezca del todo,
como yo te pertenezco.

sábado, 15 de noviembre de 2008

PREMONICIÓN

Llegué, te vi, me miraste,
y ya nos conocíamos.
Sueño premonitorio,
destino inamovible,
encuentro obligatorio.
El recorrido del asfalto charro nos llevó lejos, muy lejos,
más allá de lo imaginable.
Entre tu boca y la mía, solo el licor.
Ahora regreso del exilio de tu sofá,
deseando una palabra más,
un minuto más.

viernes, 31 de octubre de 2008

RAYUELA

Caí en Rayuela por saber quién eras, y me asaltó la duda sobre si serías la Maga, Oliveira, o la pura intensidad de las palabras.
Salto de una piedra a otra, no demasiado ágil, pues en todas tropiezo. ¿Tú qué serás, piedra o camino?

Saboreo el antes de antes de ayer igual que saboreé tu piel de aire del Sur. Me borraste el gusto a menta y los lunes rotos, y nombres, y recuerdos.
Qué juego más extraño, éste de vivir, qué fortuito. Es tan inmensa la belleza de lo aleatorio… ¡y qué injusto! Todo lo que tuve que dejar atrás para llegar a este apeadero, que me descansa el alma y las lágrimas.

“La felicidad no existe”-dijiste- “solo los momentos felices”. Y otras muchas cosas que se prendieron en mí y que endulzan mis miradas al vacío.

Sé el final de esta historia. Rayuela llegará a su fin, como la última noche. Y habrá algo especial que me unirá a ella, como ese extraño hilo de coincidencias e ideologías que me unieron a ti. Quizá la falta de proximidad propicie la ausencia de la amistad que nos mereceríamos.

Alcohol e infinito. ¿Quién insuflará a mis pulmones el aire opiáceo del amor, si no eres tú? ¿si no es cualquiera? Todos los días me enamoro, pues nunca sé cuándo será la próxima ocasión. Tú fuiste mi amor un viernes, mi amiga un sábado, y el domingo solo fuiste Rayuela.

domingo, 19 de octubre de 2008

OLVIDO

Incandescente, sobrevive al transcurrir del tiempo.

Conseguí alejarme años luz aunque, sin saberlo, lo único que hacía era dejarme llevar por esta órbita elíptica que ha terminado devolviéndome a ti.

La ingravidez me aplasta, floto sin sentido y con sentir, me balanceo entre fugaces deseos que brevemente me distraen de la realidad.

A solas de nuevo, en el inmutable espacio, pretendo encontrar un planeta en el que posar mis pies, busco una atmósfera que por fin me permita respirar.

Qué banalidad, respirar, pudiendo compartir un minuto con tus ojos, y tomar aire directamente de tu boca. ¿Qué magia me imprimiste con tus besos, que hoy ocupan la plenitud de mis ideas?

Recuerdos, nos empeñamos en recogerlos a lo largo de nuestra vida, aquejados por un síndrome de Diógenes afectivo. Es un método para poder sobrevivir en las épocas de carestía, para poseer una fuente de energía inagotable, una vida paralela en nuestra memoria. Padecemos y disfrutamos miles de situaciones, y cuando las circunstancias cambian, seguimos pasando la misma película una y otra vez en nuestras cabezas, degustándola lentamente.

Un amigo que se va, un amor, un encuentro fortuito. Todo nos deja indelebles marcas algunas visibles, otras no tanto. Siempre he considerado mi abundancia de recuerdos una virtud, aunque últimamente me planteo qué son, ¿recuerdos o residuos?

Noches repletas, amaneceres vacíos, igual que siempre, ya que el cambio no fue tal. Absorta, saboreando el sinsabor, asumiendo la salazón sobre la piel abierta, manteniendo la cordura en la interminable espera. No quiero ser anécdota, ni capítulo cerrado; quiero ser yo, y ser para ti.

Dice el tango aquel que el mejor amante es el olvido, pero supongo que el tango no es mi credo, pues no hay mejor amante que tus fecundas palabras.